La sala de parto
Llegar a la sala de la internación puede colmarte de ansiedad. Aparecerán muchas personas preguntando cosas que pueden resultarte irrelevantes, pero quédate tranquila: todo allí está dispuesto para colaborar con el mismo objetivo que tú tienes.
Cuanto más conozcas sobre cómo será el parto, mejor. Para ello, es fundamental que sepas quienes estarán en la sala y para qué. Así te sentirás más segura, confiada y sin miedos. La mejor receta para disminuir la ansiedad es el saber, estar preparada.
¿Cuáles son las presencias habituales?
En primer lugar, la presencia más esperada es la del médico personal, aquél que siguió la evolución del embarazo y la conoce. Las madres también necesitamos de la matrona, en lo posible, la misma con la que se realizó el curso preparto o, al menos, la que trabaja habitualmente con el obstetra que asistirá el parto. En ese caso, es conveniente sostener algún encuentro con ella antes del momento final, por ejemplo, a partir del séptimo mes.
Por supuesto, otra de las presencias esperadas, es la del papá de la guagua. Si este te acompaña, mejor, y más todavía si pudo compartir contigo la formación anterior al parto, porque desde su posición de “fuera” podrá colaborar más racionalmente con las acciones necesarias en ese momento de tantos nervios.
El anestesista es otra presencia clave en el parto. Algunos médicos –y también embarazadas- no acuden a la famosa inyección peridural, por distintos motivos. Por ejemplo, hay mamás que sienten orgullo de llevar adelante el parto del modo más natural posible, con dolor incluido, o sienten que pueden manejarlo por sí solas. Por su parte, también algunos obstetras apuestan a que las pacientes trabajen de esa manera y eviten los riesgos de una anestesia. Sin embargo, la mayoría de los médicos saben que hoy, en ciertas condiciones y con algunos profesionales de su total confianza, estos riegos son casi inexistentes. Para ti puede ser importante acercarte antes al anestesista para cruzar algunas palabras y evitar que aparezca como un invasor desconocido que se acerca por detrás para inyectarte. La matrona colabora en ese proceso, sosteniéndote. Deberás estar sentada al borde de la camilla, inclinándote hacia delante en posición casi fetal, ofreciendo tu columna para que el anestesista coloque la aguja en el lugar exacto entre las vértebras. De esa manera, a los pocos minutos, no sentirás dolores desde la cintura hacia abajo, sin sufrimientos. En los casos de partos quirúrgicos o cesáreas, la peridural es obligatoria. No es necesaria, como se usaba antes, la anestesia general; la mamá puede ahora participar del nacimiento de manera más activa, a la vez que se recupera mejor y más rápido.
Además de las enfermeras instrumentistas y las enfermeras que controlan todos tus signos vitales de la mamá y los de tu guagua durante ese momento, la presencia del neonatólogo es hoy muy importante. Según el Dr. Tacconi, argentino especialista en neonatología por la Universidad de Roma, su presencia no se consideraba necesaria hasta hace poco tiempo. Sin embargo, expresa, “pueden surgir dificultades no previstas y él (el neonatólogo) es el único capaz de solucionarlas. Tendrá todos los elementos preparados para el control del recién nacido” y para asistirlo, en caso de que sea necesario.
Como puedes ver, el parto no es un momento en que tú estás sola. Todo lo contrario, estarás acompañada y en las mejores manos. Cada uno de los profesionales pondrá lo mejor de su talento para celebrar la vida que está naciendo. Además estará el afecto indispensable y, sobre todo, estará el recién nacido, listo para recibir y para dar alegría.
Fuente: www.materna.cl





